....Y AHORA, ENTRE AL MUNDO POLICIAL DE ESTE CUENTO.
  INTRODUCCION.
El grupo estaba constituído mayormente por mujeres que se reunían en el 1614 de la calle Amapolas, en la Barrio Alto del viejo Santiago, casi en la esquina con Bilbao, a unas cuantas cuadras de la Plaza Los Leones. Y lo hacían todos los viernes, a la hora de onces. No era nada especial porque, a decir verdad, la temática semanal consistía en pequeños problemas del barrio, las compras del día, rumores al por mayor, algunos pelambres, cuentos de pasatiempo y, de vez en cuando, uno que otro proyecto municipal amenazando convertirse en una pesadéz.

La dueña de casa era Doña María Bustamante Bezoaín viuda de Honorato. Había enviudado casi cinco años atrás y cuando su esposo, Jorge Honorato Montesinos, tuviese un fatal ataque cardíaco esa madrugada que regresó del trabajo, en Investigaciones,  Le llamaban Maruja. Era más amistoso. Le gustaba porque, según decía cada vez que le llamaban María, su nombre de pila sonaba despectivo, neutral y poco interesante. Digamos que, por ahora, era su obsesión.


Liliana Vargas Puelma era una madre relativamente jóven, viviendo con su marido de once años, Julián Hidalgo Palmeiro, un vendedor de seguros. Parecían hacerlo financieramente muy bien,si se consideraba el estilo de vida que llevaban. Es decir, una linda casa que compraban en pagos mensuales, un coche japonés último modelo, vacaciones anuales en Viña del Mar y otras amenidades que los colocaba en el rango de lo que podría llamarse "una familia acomodada."

Doña Ernestina Valdivieso Medina, vivía en Las Petunia. Tenía un patio trasero que, en sus buenos tiempos, estuvo repleto de chiquillos chicos. Había cumplido sus sesenta años la semana pasada y los celebraron en casa de Doña Maruja, con una fiestecita a la que invitaron a todos los familiares del Grupo de los Viernes, como se les llamaba en el vecindario. Fué una reunión agradable y muy dificil de repetirse este año

Cuando alguien del grupo se enfermaba o tenía un día dificil, Angélica Huidobro Salas era la primera en llegar a visitarle. La doctora Huidobro. Si. Era Cirujano en el Hospital del Salvador. Jóven, buenamoza, simpática y siempre servicial. Sus 28 años y su interminable energía, le ayudaban bastante. Vivía en La Reina. En el 5701 de la Avenida Bilbao, cerca de Las Arañas. Doña Maruja y Doña Ernestina la admiraban a morir. Eran casi comadres. Se llamaban por teléfono casi todos los días y se visitaban a menudo.

Los hombres del grupo eran pocos. Mejor dicho, eran dos.

A Justiniano Mendoza Larraín se le podía encontrar día y noche en la pequeña iglesia de la Plaza Pedro de Valdivia. Es su Párroco. Todos decían que era cura de nacimiento. Sus 70 años los llevaba con dignidad pese a los achaques de la soltería, la soledad y las responsabilidades del clero. Era un hombre tranquilo, muy leído, amante de la opera italiana y otras cualidades acompañadas por la profesión.Conocía a medio mundo y medio mundo lo quería bastante. En las reuniones, era un hombre lento en sus reacciones porque, decía, "hay que pensar las cosas dos veces antes de colgarselas gratuitamente a mis parroquianos". Inexplicable pero, eran sus palabras.

El otro integrantes del conjunto, estaba de acuerdo con el cura. Contrario al sacerdote y como consecuencia de su profesión, sus reacciones eran rápidas y concisas.

Joaquín Carlos Amunátegui Errazuriz, hijo del que fuera Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Antonio Amunátegui Anguita y Larraín, y su esposa, Doña María Rebeca Errázuriz Sanhueza, había ingresado a Investigaciones muy en su juventud. Mejor dicho, recién salido de los primeros años de medicina en la Universidad Católica. Demás está decirlo, muy en la contra de la voluntad paternal.

JC. como le llamaban, era felíz en su trabajo. Y hasta llegó a convertirse en el mejor detective de sus tiempos. Era el Jefe de la Primera Comisaría Judicial del Gran Santiago. Es decir, del centro capitalino y de algunos barrios adicionales.

CAPITULO 1

El Grupo de los Viernes estaba, así, constituído. Hoy, era la sesión de la primera  semana en el verano chileno.

---" Dicen que van a extender los trolleys hasta el otro lado del canal San Carlos", dijo la dueña de casa a modo de iniciar la conversación del tema.

---" Ya era hora.", continuó Doña Ernestina. ---" Pobre, la gente que vive al otro lado. No sé me ocurre como se las arreglan para llegar a sus casas."

---" Me figuro que caminan o toman un taxi",le explicó Liliana.

---" ¿Alguna novedad importante?" Preguntó alguien al asar.

---" No, pero de seguro que cuando llegue JC nso traerá algo interesanto, jugoso y buen tema para unos cuantos días."

Sonó el timbre de la puerta de calle.

---" Yo abro,doña Maruja. Quédese tranquila en su asiento", anunció Liliana.

La conversación se detuvo por unos instantes. Todas querían saber si el famoso detective había llegado.

---" No!", fué la respuesta de Liliana que, desde la puerta adivinaba los pensamientos de sus compañeras. ---" Es Justiniano"

Se escuchó un típico....ah!

---" Espero que todas estén bien y que no las haya desilucionado! Lamento no ser Clark Gable o JC., ni cosa por el estilo.  No me queda otra alternativa que la de ser Justiniano, simplemente el Cura Párroco para todos ustedes", fué la respuesta adecuada para amortigar la desilución de sus amigas.

---" No te preocupes, Justiniano. Te queremos igual de todas maneras. Pasa de una vez, hombre!"

Unos minutos después que el sacerdorte saludara a todas sus amigas, sonó nuevamente el timbre de calle.


---" Ya voy!" repitió Liliana que parecía ser la portera del día.

---" Ah! JC. Al fin llegas!" Le dijo al detective, plantandole un beso en la mejilla.

---" Vaya con la suerte mía, chiquilla! Si las cosas siguen así, hasta soy capáz de venir todos los días", recibió como respuesta detrás de una gran sonrisa.

Todas se alegraron. Le saludaron con cariño y le sirvieron su onces respectiva.

---"¿ y que hay de nuevo, mi querido JC? " preguntó inesperadamente el Padre Mendoza.

---" Pues te diré que no es mucho lo interesante pero. hay algo que segurmente vá a llamarles la atención a todos Uds. Y éso es lo que quisiera discutirmejor dicho conversar con todos", respondió el policía, a tiempo que captaba la imaginación de anciosos amigos.

Los que estaban dispersos por la casa, se reunieron de inmediato alrededor de la mesa del comedor, para conocer las noticias que traía el Comisario.

---" Bueno, JC, no sigas teniendonos en suspenso.¿ De qué estás hablando, JC?" inquiró Doña Ernestina.

---" Anoche, cuando estaba casi listo para irme a la casa, uno de los suboficiales de la Primera Comisaría de Carabineros, el Sargento Esmeregildo Sanhueza, me llamó por teléfono para decirme que, cuando se iba a la casa en su coche, al pasar por Bilbao entre Los Pensamientos y Los Narcisos, casi a media cuadra pasada la Plaza Uruguay, encontró el cadáver de un hombrerecostado contra la muralla"

---" Un asesinato¿y a las puertas de mi casa? " exclamó muy nerviosa Doña Maruja.

Todos se mostraron nerviosos ante las declaraciones del policía.

---" No exactamente a las puertas de tu casa, Maruja. No exactamente, diría yo," le aclaró Justiano, el  Párroco.

---" Bueno, no digo que lo mataron en el living de mi casa peroejem no deja de ser trágico y preocupante," atinó Liliana, explicando la preocupación de la dueña de casa.

Se produjo un silencio especial.

---"¿ Y que hay de nuevo? ¿ Estás investigando el homicidio, JC?" interrumpió Angélica, la doctora Huidobro.

---" No necesariamente. Ese es un problema de la Brigada de Homicidios, que maneja Alejandro Vergara. Sin embargo, como consecuencia de que Uds. están interesadas, y  por razones obvias, le he venido haciendo una que otra pregunta"

---¿Y?" preguntó nerviosamente Doña Maruja.

---" El individuo vestía pobremente y parecía haber sido asesinado al estilo de los gangsters americanos. Es decir, con in tiro en la nuca.."

---" Quieres decir. Que era uno de esos bandidos?" Preguntó el Padre Justiniano.

---" No sabemos exactamente. Las cosas van un poco más allá." Agregó JC con cierto tono de misterio. Las mujeres se movieron en sus asientos, mostrando su curiosidad y nerviosismo. Hubo unos segundos de silencio absoluto y el policía prosiguió con el recuento de los sucesos.

---" Ha sido casi imposible identificarlo por ahora porque los autores de esta barbaridad, le cortaron los dedos de sus manos.los diez dedosy los hicieron desaparecer"

Otro AH! se escuchó en la sala.

---" Caramba! Eso si que es extraño" fué la opinión de todos.

---" Pero que crueldad, Dios mío!" exclamó el sacerdote un poco palido por lo que había escuchado.

---" ¿Conocemos al muerto?" preguntó inocentemente la jóven Liliana.

---" Tenemos muy pocos detalles por ahora pero, mañana.mañana es otro día y este fin de semana debemos saber un poco más. Así es que, cuando tenga más detalles, pues, vendré nuevamente a verles y a contarles lo que está pasando", replicó el funcionario.

---" Pero."

---" Marujaes tarde, corazón y tengo que irme a casa. Ignacia y los chiquillos me esperan a comer. Desgraciadamente tengo que hacer unas pequeñas diligencias primero y el tiempo escasea demasiado.  No tengo más información, así es  me despido de todos y nos veremos en unos días más", respondió, se levantó de la silla y se dirigió hacia la puerta de calle.

Todos le siguieron. Trataban sinceramente de averiguar otro poco de aquella gran noticia que les habían traído.

---"pero JC" apeló Doña Maruja, "no todos los días le dicen a una que encontraron un muerto a pocos metros de su casa"

---" Es horrible," añadió Doña Ernestina.

JC no les dió tiempo. Salió rápidamente al jardín delantero, subió a su automóvil y se perdió en la esquina de Amapolas y Bilbao.

Todas quedaron en la puerta de calle. El Padre Justiniano se acercó y las calmó con unas pocas palabras de aliento y de esperanza, como tan solo él sabía hacerlo.


CAPITULO 2


Ese lunes a las 6 de la tarde, JC estaba en su oficina terminando las diligencias de su más reciente investigación. Un robo de poca importancia, en la que dos conocidos felones robaran una  serie de relojes en una de las tiendas de calle Estado. Un negocio chico de un judío rezongón. Nada importante. La mercadería se había recuperado pero su dueño, Jorge Rubinstein llamaba dos a tres veces diarias para que le devolvieran sus relojes. El hombre no entendía que era cuestión del Juzgado correspondiente. Pero, la papelería tenía que ejecutarse, por razones obvias.

Segundos más tarde, entró a la pieza el Detective de Guardia, Ernesto Chávez, para anunciarle que el Prefecto Alejandro Vergara, Jefe de la Brigada de Homicidios, estaba en el teléfono.

---" Dime Alejandro. ¿Que hay de nuevo? Si, seguro. Voy en unos minutos. Te veo luego. Chao."

Al cortar la conversación llamó a Chávez.

---" Voy a la Brigada de Homicidio. Cuideme la tienda. Vuelvo en menos de media hora."

---" No se preocupe Mi Comisario. La tienda está tranquila. No hay nadie en el bote y los colegas no han regresado todos, todavía. Si hay algo gordo, lo llamo al tiro."

A la izquierda de las pequeñas oficinas que comprenden las Comisarías del Gran Santiago, hay una inmensa sala de espera, a lña que acuden los testigos y detectives investigadores y a cuyo alrededor se albergaban la Brigada de Homicidios, la Policía Internacional y otros servicios.

El Prefecto Vergara estaba en la puerta, cuando JC llegó a la cita.

---" Quibo mi viejo. Vamos a mi oficina. Tengo una transferencia para tí", dijo Vergara.

---" Como así. Espero que no sea complicada, porque estoy hasta la tuza con cuarenta millones de estupideces chicas. Vamos a ver".

Llegaron.

El primero en hablar fué el Prefecto Vergara.

---" Me figuro que más de alguien te habrá contado lo del del homicidio en Bilbao, cerca de donde tu vives."

---" Bueno, tú sabes que las cosas no se guardan por mucho tiempo aquí en la pesca. Ya! Algo sé del caso, pero muy poco. Mejor dicho, casi nada".

---" Nosotros tampoco tenemos mucho pero creemos que tiene algunas conecciones con el sector céntrico de Santiago. Así es que, no tengo otra alternativa que la de pasártelo a la Primera Judicial."

---" Creerás que no me sorprende del todo"

---"Como así, viejo lobo!"

---" Nada. Digamos que una tincada.¿ Tienes un nombre? ¿Identificaron al cadáver?"

---"No y no.Al hombre le cortaron los dedos de las manos, como sabrás, así es que la identificación se nos está complicando un poco. Los cabros del laboratorio están trabajando en eso y me figuro que irás por esos lares cuando inicies tu investigación."

---" Carabineros me dijo que lo encontraron semi desnudo."

---" Es la peor parte. Obviamente, los que cometieron el crimen conocían las reglas. Se te vá a alargar el caso, viejo querido, pero tú conoces el sistema. De manera que, demás está decirlo pero.ojalá que haya algo interesante en éstos días."

---" Viejo querido, estoy requete pobre de personal. No te prometo nada de inmediato, pero haré lo que pueda. Por supuesto que seguiré todos los pasos básicos, etc., etc."

---" Me siento culpable, mi viejo JC. Así es que, para tranquilizar mi concienciate presto al Inspector Valderrama. ¿Que te parece?"


---" Ya! Claro que me acuerdo y bastante, por lo demás. Bueno. Buena suerte. Y si tienes algo interesante, dile a Valderrama que me pegue un telefonaso. Chao."

---" Fantástico. Gracias. Trabajamos juntos en el norte y en Santiago."

--- "Antes de irme, Alejandro. ¿Tienes una foto, algunos documentos, el historial, etc.,?"

---" Todo te lo mandé a tu oficina.Dale saludos a Nacha yheibuena suerte.

---" Gracias viejo. Saludos a Tina y cuida a los chiquillos.Chao."

El Prefecto Vergara le acompañó hasta la puerta de la Brigada. Se dieron la mano nuevamente y cuando JC estaba listo para regresar, desde el interior de la Sala de Guardia, apareció el Inspector Jorge Valderrama con una gran sonrisa y sus brazos estirados para saludar al Comisario. Se abrazaron y juntos cubrieron el camino que los llevaba a la Primera Comisaría Judicial, para iniciar la investigación del caso.

CAPITULO 3

Otro viernes había llegado y, como de costumbre, los miembros del Grupo de los Viernes esperaban al Comisario Amunátegui. Todos habían llegado. Faltaban 2 minutos parta las cinco de esa tarde semi nublada y un poco calurosa.


JC tocó el timbre y al abrirse la puerta apareció la propia Doña Maruja. Se extrañó un poco al ver que JC venía acompañado por otro hombre. Alto, de cara larga y limpia. Vestía de obscuro, camisa de color salmón y una corbata de varios colores basados en el negro.

---" Hola JC. Y el señor¿Con quién tengo el placer?"

---" Ah! mi querida Maruja. Este es mi buen amigo y compañero de trabajo. Tengo el agrado de presentarte a Jorge Valderrama, Inspector de la Brigada de Homicidio. Les tengo noticias.

¨---" Adelante. Bienvenido, Inspector. Muchachas, les presento al Inspector de la Brigada de Homicidios. Don."Pareció haberse olvidado del nombre. Era muy reciente.

---" Jorge Valderrama, señoras." Dijo el Inspector.

---" Ah, si! Inspector Valderramade la Brigada de Homicidios. Viene con JC. y sus noticias."

Los dos oficiales sonrieron con cortesía. Entraron y, despues de las introducciones correspondientes, fueron sentados en la cabecera de la mesa.

---" Noticias. Me figuro que esperan noticias. Bueno. Primero que todo, el Inspector Valderrama es un viejo amigo mío. Trabajamos juntos en Río Rojo, en ese pueblito minero del norte chico y, también en Santiago, cuando mataron al Senador Recabarren. Ha sido asignado a mi Comisaría para que, ambos, investiguemos el caso del homicidio de Ñuñoa", dijo JC.

---" Señoras, señor Cura, pocas son las informaciones que tenemos pero hemos conseguido una fotografía del occiso. No es muy bonita pero si las damas no tienen dificultades con este tipo de situaciones, se la voy a mostrar primero al Padre Justiniano para que mida las consecuencias entre Uds." Dijo Valderrama mientras le entregaba un sobre conteniendola.

Por un momento el sacerdote miró las fotos primero y a las mujeres despues.

---" Bueno. Son un poco crueles pero me figuro que no tenemos otra alternativa, si queremos cooperar en la investigación", dijo y se las pasó a Doña Maruja.

Al verlas, la mujer frunció el seño.Las contemplo por un par de minutos y pasó una a Doña Ernestina y otra a Liliana. Ambas se impresionaron un poco pero nada dijieron. La mujer mayor miró la segunda fotografía y pasó la primera a la doctora Angélica  Huidobro.

Hubo unos segundos de silencio. El Padre Justiniano miró la otra.

---" No sé, pero su cara me es" dijo Angélica.

---" Claro!. Yo lo conozco. Es uno de mis parroquianos.Como es que se llama!" dijo el cura.

---" Ernesto." Anunció Angélica.

---" CapdevillaEso esEste hombre se llama Ernesto Capdevilla y vive por aquí cerca," fué la cooperación del sacerdote.

---" JC. Este tipo es periodista! Te aseguro que es periodista. Me lo dijo el mismo. Yo lo atendí en el Hospital, hace unas cuantas semanas. Creo que lo hirieron en una mano.No estoy segura pero puedo averiguar el lunes¿Que te parece?"

--- "FANTASTICO!" Exclamó Valderrama.

---" Increíble! Que inmensa suerte acabamos de tener.!" Expresó JC.

---" ¿Que clase de periodista, Señorita Angélica? Por favor, expliquenos el tipo de herida. ¿Averiguó algo sobre el origen, cómo, cuando y por qué?" preguntó el Inspector.

--- " Escribe una de las columnas en el Diario de la Tarde y tiene un programa policial en la Radio del Pacífico.SEMAFORO! Eso es. El programa se llama Semáforo y lo transmiten a eso de las cinco de la tarde, tres veces por semanaAsí me dijo."

---" ¿ Y la herida, señorita Angélica?"

---" Era más o menos profunda. Me dijo que se le había pasado la mano revanando un pedazo de carne pero no le creí. No era el tipo de corte casual. La profundidad y la extensión indicaban algo hecho a propósito y por alguien conocedor de cortes. No quise insistir. El hombre estaba profundamente adolorido, así es que le dí algo para quitarselo y un sedante simple, suave."

---" Venía acompañado de alguien?"

---" No. Fué solo, sin nadie que lo pudiera llevar a su casa. Vino en taxi, me dijo, y se fué en otro."

---" Que línea de taxislo sabe?"

---" Vamos, Inspector. Es como mucho, sabe!"

---" Lo lamento, pero es importante", se excusó con tranquilidad y arrepentimiento. Entónces, intervino JC.


---" Sería de mucha utilidad saber el tipo de compañía que lo llevó a su casa."

---" El hospital tiene la dirección pero apostaría a que no es verídica", agregó Angélica.

---" Creo lo mismo", insistió el Comisario.

---" Fué uno de esos taxis que se consiguen por el teléfonoTaxis Nacionales..creo."

---" Bueno, gracias. Ha sido una tarde llena de sorprezas agradables y de magníficos resultados", agregó JC.

---" Cierto y se los agradecemos. Hemos conseguido cualquier cantidad de datos que podemos seguir facilmente y que nos ayudarán un montón" fué el comentario del Inspector Valderrama.

Había tensión en el comedor. Todos estaban pendientes de los sucesos que se iban desarrollando y que, en cada momento,  entreabrían aún más la cortina de la investigación. Doña Maruja parecía sentirse orgullosa de sus amigas. JC. y Valderrama se vceían muy bien impresionados.

---" Acabamos de abrir la puerta a este misterioso caso de Ñuñoa, mi querido Jorge", dijo el Comisario.


CAPITULO 4

El Diario "La Tarde" era uno de los periódicos populares del momento. Su circulación aumentaba a pasos agigantados por el carácter policial y semi político del vespertino. Había nacido como consecuencia de las elecciones presidenciales a registrarse dentro de dos años y en los que el país buscaba, desesperadamente, un cambio de gobierno.

Así, por lo menos lo pensaba Julio García Huidobro, uno de los dueños de periódicos y revistas capitalinas más ricos y más abusadores de la capital. Su dedicacón dejaba mucho que desear y parecía enmarcarse en algo que siempre le distinguió. Es decir, confundir a la población creando un medio publicitario sin línea política, mayormente creado para jugar con los electores y colocarse en un sitio especial para cuando llegase el momento de definir la carrera presidencial. No tenía escrúpulos.

Contrataba redactores en base a sus planes. Muchos de ellos provenían de otros diarios o de servicios informativos radiales de poca importancia, eran agresivos, amarillos e indolentes a todo pero, con un buen sentido periodistico. Solo buscaban la manera de complacer al editor escribiendo artículos que terminaban en los juzgados o que hacían peligrar sus vidas.Una de laspocas justificaciones existentes consistía en que, lamentablemente para los profesionales de la época, las emprezas jugaban con ellos y con el Círculo de Periodistas. Por lo menos, hasta el día en que se defendieron creando el Sindicato.Fué allí,  cuando obtuvieron el respaldo de la Central Unica de Trabajadores, que dejaron de sentirse abandonados por sus administraciones.

Pero, el gruezo lector parecía disfrutar de los escándalos políticos, de las actividades policiales sangrientas o de las muchachas desnudas adornando la contratapa.

No era dudoso, entónces, que Capdevilla fuese uno de sus redactores más destacados del momento.

JC. y Valderrama llegaron al diario a eso de las nueve de la mañana, cuando todos los periodistas llegaban de sus fuentes de trabajo para escribir las últimas informaciones  a publicarse en la edición de la tarde.

Pidieron hablar con el Director.


---" Don Ismael no está en la redacción. Viene muy pocas veces al diario, pero podría hablar con el Jefe de Redacción, Alberto Guzmán. Venga con migo y se lo presento," les explicó uno de los fotógrafos que venía llegando al edificio.

Caminaron por entre más de quince escritorios viejos colocados uno al lado de otro, llenando la redacción. A la cabeza de la pieza y sobre una tarima, estaba el puesto de Guzmán quién, en ese momento, atendía dos llamadas telefónicas a la vez.

JC. se acercó al viejo periodista y, entre contestaciones seguidas por largas preguntas, entre ruido de teletipos y máquinas de escribir, trató de presentarse sin conseguirlo. Tuvo que esperar. Y el momento llegó.

---" ¿Conoce Ud. a Ernesto Capdevilla?" preguntó el Inspector Valderrama.

---" Por supuesto", fué la respuesta inmediata. "Pero hace días que no lo veo. Debe andar escondido por ahí."

JC. se acercó al editor y le dijo que se calmara por unos segundos. Seguidamente, sacó de su bolsillo una de las fotografías y se la mostró.  Guzmán la miró, sin creer lo que estaba viendo.Hizo una pausa, carraspeó y encendió un cigarrillo. Se notaba incómodo.

---" ¿Como sucedió? No lo puedo creer. Y lo peor de todo es que somos periodistas y se supone que sabemos todas éstas cosas. Es increíble", dijo y tomó el interlocutor.

JC. y Valderrama lo observaron con cierta incredulidad.

---" Vargas, dile a Pizarro que venga altiro si quiere seguir trabajando en éste diario como reportero policial. Altiro! ALTIRO!"

Con una hoja de papel en la mano y un lápiz detrás de la oreja, apareció un jóven malamente vestido, de unos 26 años de edad, flaco y mal traído. Al enfrentarse a Guzmán, se sentó con una nalga en la punta del escritorio.

---" Dime. ¿Que pasó?"

--- " Como que ¿Qué pasó?  En primer lugar, bajate el poto de mi escritorio y, en segundo lugar, pone atención a lo que te vá a decir el Comisario Amunátegui de la Primera Comisaría de Investigaciones y el Inspector Jorge Valderrama, de Homicidios. Tú los conoces."

---"Hola Jefe", fué la respuesta del reportero.


---" Esto no es un chiste, Carajo! Si no tienes una buena explicación de lo que está pasando, más vale que te vayas buscando otra pega porque me hace la impresión que están a punto de darte un golpe periodístico.

---" Ya! Seguro!"

El muchacho se volvió al Comisario y quedó como esperando a que le dijieran algo.

---" Señor Pizarro", comenzó diciendo Valderrama, "hace unos días apareció el cadáver de éste individuo en Bilbao, entre Los Pensamientos y Los Narcisos. Conocemos su nombre y el sitio donde trabaja pero hay una serie de detalles que ignoramos y nos gustaría saber qué es lo que Ud. conoce sobre el particular"

Pizarro miró la fotografía que le pasaba Guzmán y casi perdió el color de su piel. Se llevó la impresión de su vida.

---" Ah chupayas! No puedo creerlo. Pero si , es nada menos que Capdevilla. ¿Qué le pasó?"

---" Tú eres el que debía saberlo. Para eso que te pagamos sueldo. ¿No te parece?" le dijo Guzmán.

---" No tengo la menor idea. Como me voy a imaginar que asesinaron a un colega.Yo lo habría sabido de una manera u otra. Pero."

---" Eso mismo digo yo!" replicó el Jefe de Redacción.

---" Aguantate un momentito. Yo no soy detective. Si mis fuentes de trabajo no me dicen lo que está pasando, no hay manera alguna de que yo pueda saberlo. La Brigada se guardó el secreto. Así es que no me echen la culpa a mí. Soy inocente de esta cuestión"

---" Nadie lo está culpando de algo, señor Pizarro", dijo JC. "Solo queremos saber si Ud. tiene alguna información al respecto.."

---" Bueno, no tengo idea exacta."

---" Como así, señor Pizarro."


---" Capdevilla era un redactor o columnista que se echaba a todo el mundo a la espalda. Uds. debían saberlo si leyeran sus comentarios. Lo único que puedo agregar, aquí, es que hace unos días, y poco antes de verlo por última vez, Capdrvilla tenía preparado un reportaje sobre un grupo de militares y carabineros en puestos altos que usaban aviones de la Fuerza Aerea para irse a Arica, comprar líneas blancas a bajo precio y traerlas a Santiago para revenderlas o instalar negocios. Pero nunca ví el artículo publicado"

Pizarro se notaba nervioso a esta altura de la entrevista.

---" ¿Sabía Ud. de este reportaje, señor Guzmán? Inquirió JC.

---" No. No tenía la menor idea. A mi escritorio llegan las cosas listas para mandarlas a talleres e iniciar el proceso de impresión. Si Capdevilla no me entregó los originales, es muy poco lo que puedo saber¿No le parece?"

---"Mmm. Pueda que tenga un buen punto de vista. Por favor, llévenos a la oficina del señor Capdevilla,", pidió JC. y así lo hicieron.

Era una oficina pequeña con olor a encierro humano y a papel mojado. Gran desorden, hojas sueltas en el escritorio, una máquina de escribir portátil y vieja, una grabadora de cinta magnetofónica y un estante con pocos libros.

El Inspector Valderrama recorrió con su vista el pequeño recinto y como buen policía, descubrió una carpeta que, por su color diferente,  sobresalía de las otras.

---" Mi Comisario, creo que encontramos lo que buscabamos. Hay algo interesante en esa carpeta y no me llamaría la atención de que estuviera relacionada con lo que hay en la grabadora"

---" Buen ojo Inspector. Revísela y, si vale la pena, llevemosla junto con la grabadora. Veamos que nos dice el laboratorio. Ah, señor Pizarro, quisieramos que nos diera una declaración.Así es que váyase mañana a la Primera Comisaría Judicial y hable con el Oficial de Guardia. Seguramente Ud. lo conoce ¿Verdad?" dijo JC y luego que Valderrama tomaba ambos objetos requisados.

Salieron del diario en camino a la Dirección General.


CAPITULO 5


Lo había primetido y por eso es que, esa tarde, apareció en la reunión de la semana. Fué solo. Valderrama seguía inspeccionando el contenido de la grabadora y los resultados de laboratorio. Estaban todos y, como de costumbre, fué la atracción del momento. Poco despues del té con panecillos de dulce, berlines y marraquetas con mantequilla, relató lo que sabía.


---" En el diario La Tarde no tenían idea de lo que le está sucediendo con Capdevilla. Hablamos con el Jefe de Redacción y con el reportero policial. Ignoraban todo. Revisamos la oficina y nos apoderamos de un par de cosas que podrían darnos una que otra idea de como continuar esta investigación. Lamentablemente, estamos caminando muy lentamente pero, me hace la impresión de que, dentro de muy poco, podríamos apurar el paso", dijo.

En ese momento que el Padre Mendoza le interrumpió para darle ina valiosa información.

---" Aunque no lo creas, Joaquín Carlos, pero a mi Parroquia viene todos los domingos el General Juan Carlos Cantabria.

JC. sonrió por unos segundos.

---" Hacía muchos años que no me llamabas Joaquín Carlos. Me alegro que lo hayas hecho, Justiniano, porque apostaría a que tu interrupción debe ser valiosísima. Dime, viejo amigo, ¿Conoces a Cantabria?"

---" Por supuesto que lo conozco! De lo contrario no lo habría dicho delante de todos Uds. Viene a la Misa de las Doce. Es un ferviente Católico, éste General del Ejército. Si quieres, JC., puedo pedirle que te escuche y que te diga lo que sabe sobre el problema de los oficiales llendo a comprar cosas a Arica. A lo mejor te puede dar algunas ideas al respecto"

---" Por supuesto que es una magnífica idea, Justiniano,  y te lo agradezco. La verdad es que tenía pensado hablar con el General Buendía, de Carabineros, a quién conozco desde cuando nos iniciamos en esta carrera. Pero tu idea as extraordinaria,mi querido viejo ."

---" Así, entónces, JC. Este domingo le voy a hablar y de seguro que te llamará por teléfono a primera hora del lunes."

---" Me alegro de haber venido y estoy agradecido de todos por la ayuda que nos están prestando en este negocio. Es increíble pero Uds. Conocen a la gente exacta y necesaria. No se me puede olvidar que es la segunda ayuda que recibimos."


Doña Ernestina se levantó de su silla y trató de decir unas palabras.

---" Hay momentos en la vida de todos en que los amigos¨"

La interrumpió Doña Maruja.

---" Vamos Ernestina, no es tiempo para discursos. Somos amigos y eso basta!"

---" A eso iba yo, Maruja!"

Todos rieron de buenas y continuaron con su hora de onces, hasta que se hizo tarde. Uno por uno fueron dejando la reunion. A esao de la medianoche, Doña Maruja dijo su último ¨buenas noches¨ a la jóven Angélica Huidobro.


CAPITULO 6


En el tercer piso del edificio del Ministerio de Defensa, en la Plaza de la Constitución, el General Juan Carlos Cantabria Donoso tenía su oficina como Director de Relaciones Nacionales del Ejército chileno. Debía haberse retirado hacía unos cuantos años pero, el Presidente Carlos Ibañez del Campo lo consideraba un buen compañero de armas amén de ser emparentado, por lado familiar de su esposa, y lo llamó de regreso a las filas.
Sus funciones consistían en controlar, dentro de lo posible  y enmarcandose en una realidad hipotética, si se quiere, los problemas políticos dentro de las Fuerzas Armadas. Era un puesto recién creado por la presidencia.

Quizás, una cuestión honorífica. Por lo menos en su inicio. Porque, lo que sucedió meses más tarde, hizo que el Gobierno tomáse más en serio su re-contratación. Muchos militares jóvenes estaban en desacuerdo con las decisiones y procedimientos presidenciales. Varios de ellos mostraron su oposición, creando un grupo de Oficiales, Suboficiales y tropa, con intenciones de dar un golpe de estado y poner término a lo que llamaron  "la desgracia de nuestros gobernantes".

Eso fué lo que, dentro de la gente allegada al gobierno, vino en llamarse "El Caso de la Tarjeta¨.

El problema no tuvo repercusiones, ya que todos sus integrantes fueron arrestados y procesados con rapidéz, en el momento preciso y antes de que a la población chilena.descubriera sus propósitos.

Tanto para el Comisario Amunátegui como para el Inspector Valderrama, el homicidio de Capdevilla cabía perfectamente dentro del perímetro de los escándalos en el personal del Ejército. Por suerte para elloslas acciones fueron  abortadas oportunamente por el Fiscal Militar Máximo Honorato Cienfuegos.


Es por ello que los policías acudían, esa mañana, esperanzados en encontrar una pista definitva que, como consecuencia de la entrevista con el General Cantabria, los llevara al arresto del homicida. Era solo una esperanza que se enfrentaba a la cuidadosa protección masiva de los militares.

---" General, tenemos entendido que una serie de Oficiales del Ejército chileno fueron juzgados en secreto por la Fiscalía militar, bajo la acusación de cometer fraude contra la población chilena."

Fue inmediatamente interrumpido por el militar.

---" Desconozco esa acusación, Comisario. No existe tal caso y creo que lo que llaman.. eso dede la tarjeta, como dicen por ahí, es solo un mito que se ha venido creando la gente para justificarque se yo!"

---" Bueno, General, no creo que hemos venido a discutir esa situación. La verdad es que estamos aquí para pedir su ayuda en encontrar a un individuo que asesinó a uno de los periodistas importantes de un diario vespertino chileno"

Junto al Genera, estaba en la oficina un Teniente Coronel de apellido Vargas Cifuentes. Aparentemente se desempeñaba como abogado del servicio pero, con el título de Asistente al Director General.

---" ¿Y que tiene que ver el Ejercito de Chile con eso, señor Comisario?"

Esta vez intervino el Inspecto Valderrama.

---" No, señor Vargas. El Ejercito de Chile no tiene nada que ver con eso. Creemos que un miembro del Cuerpotiene que ver con eso. Lamentablemente no conocemos su nombre exactamente, aunque tenemos una idea, pero sabemos a ciencia cierta que el periodista fué asesinado porque iba a publicar una serie de artículos denunciando graves irregularidades en las filas y, específicamente, por varios oficiales trabajando en este mismo edificio, señor Teniente Coronel."


---" Y, cuales son esas pruebas¿Se podría saber, señor Inspector?"

---" Como no, Coronel. Aquí le entrego a Ud. una copia de los primeros dos artículos que habrían sido publicados por el diario La Tarde, de no haber sido asesinado su redactor. Ud. encontrará nombres y otras señas." Agregó JC.

El Oficial miró los papeles contenidos en la carpeta que confiscaran en la oficina del periodista Capdevilla y, luego de ojearlas, se las pasó al Ganeral.

---" También tenemos una grabación magnetofónica con declaraciones de un Sub Oficial haciendo las denuncias del caso", dijo Valderrama.

---" Y¿ Por qué no han procedido al arresto de estos Oficiales?, pregunto el Asistente.

---" Por gentileza al General Cantabria. Nada más. Quisieramos que esta investigación se definiera bajo la cooperación de la Dirección General de Investigaciones y el Ejército de Chile."

El General terminaba de leer lo escrito por el periodista. Hizo una pausa. Con sus ojos y un gesto de labios entrompados, decidió cooperar con la justicia ordinaria.

---" Algo supimos sobre este problema, señor Comisario, pero quiero agregar que la oficina de la Fiscalía Militar está investigando seriamente ésta situación. No tanemos sospechas de oficial algunplbuenono puedo decirle nada en éstos momentos, sin antes consultar con el dpeartamento correspodiente. Pero, creame! Inmediatamente que tengamos la luz verdese lo diremos a Ud."

---" Y eso es todo lo que podemos hacer por ahora, señores policías. Estamos dispuestos a cooperar cien por ciento con las autoridades civiles. Si alguien ha cometido un delito de homicidio en nuestras filas, tendrá que pagarlo como corresponde a un ciudadano de ésta república." Dijo el General Cantabria dando por terminada la reunión.

Eran las 11 de la mañana de aquel día.

CAPITULO 7

Aún faltaban pocos minutos para las seis de la tarde. Las oficinas de la Primera Comisaría Judicial estaba atestadas de gente. Había sospechosos de felonías pequeñas, parientes de individuos arrestados esa semana, periodistas divagando por todas partes en búsqueda de alguna noticia, abogados, tinterillos amén de prostitutas, cartilleros y otras tantas figuras del bajo mundo.

A la Sala de Guardia entraban y salían gentes galore. Un gran bullicio, rumores y palabras fuertes. En un momento, los murmullos fueron interrumpidos por un silencio casi sepulcral. Tres militares se detenían en la entrada principal de la Comisaría. Eran el Teniente Coronel Demetrio Vargas Cifuentes, acompañado por los Capìtánes José María del Canto y Patricio Lezaeta Escala. Ahora, entraban cremoniosamente al recinto.

El Detective Orlando Puelma Echeverría era el Oficial de Guardia, esa noche. Los recibió de la manera más cortés que pudo. Les hizo esperar unos minutos, argumentando que el Comisario estaba interrogando a un delincuente internacional pero que dejaría su tarea inmediatamente para atenderlos para atenderlos como se merecían.


Y así fué. Los tres ingresaon a la oficina de Amunátegui quién, antes de dejarlos pasar, pidió la presencia del Inspector Valderrama. La escena estaba en plena acción. El teniente Coronel prsentó a sus compañeros y la reunión se inició.

---" Bien, señor Comisario, Mi General conferenció con el Fiscal Honorato y llegaron a la conclusión de que estamos a su disposición para lo que sea necesario. Mis compañeros de armas, aquí presentes, son meros testigos de estas conversaciones. Ambos actúan bajo las órdenes de la Fiscalía Militar. Los dos son abogados y, como tales, representan al Ejército chileno. Donde comensamos, señor Comisario", dijo el Teniente Coronel Vargas.

---" Es muy simple, Teniente Coronel. Solo queremos los detalles del homicidio, direcciones, etc., etc. Los detalles y las bases de las acusaciones que Capdevilla, cualquiera que sean, no nos incumben. A nosotros solo nos interesa el asesinato, sus autores y todo aquello que incumba al delito." dijo JC.

En esos momento hicieron su entrada a la oficina el Inspector Valderrama y el Prefecto Vergara, de la Brigada de Homicidios. JC. sabía que el Inspector acudiría a la cita con su jefe. JC. conocía mejor que nadie la psicologá policial.

---" Me permito presentarles al Prefecto de la Brigada de Homicidios, el señor Alejandro Vergara Acharán y al Inspector Jorge Valderrama, que Ud. conoce, señor Teniente Coronel. Mi Prefecto, estos son el teniente Coronel Demetrio Vargas Cifuentes, los Capitanes Del Canto y Lezaeta, de la Fiscalía Militar."

--" Señores, mucho gusto. Antes de iniciar las conversaciones, quisiera invitarles a que fuésemos a la oficina del Director General quién, por razones obvias y debido al rango de los presentes, está muy interesado en éste caso. De manera que, con la venia de Uds. tres, subiremos rápidamente al segundo piso y, allí, conversaremos sobre el particular", dijo Vergara.


No hubo inconveniente por parte de los militares y todos salieron del recinto atravesando la gran sala de visitas. Entraron al ascensor privado del Director General. Abriendose las puertas, en el segundo piso, se encontraron en la antesala de la Dirección. El Subdirector, Basilio Cienfuegos Hurtado, los esperaba. Rápidamente les introdujo a la oficina del Director, Ismael Valdés Pinto. Otras tres personas estaban en la pieza y, entre ellos, el Director General de Carabineros, Antonio Buendía Santander.

Después de los saludos correspondientes, se inció la sesión que daría por terminado el segmento investigativo de la operación comenzada por JC. y Valderrama.

Fué el Capitán Del Canto quién inicó las declaraciones.

Habían pasado tan solo unos minutos desde que todos entraran a la oficina del Director General, cuando el Subdirector apareció súbitamente. Se acercó al oído del Prefecto Vergara y luego, salió tan rápidamente como había entrado. Vergara miró al Comisario Amunátegui y al Inspector Valderrama. Con un movimiento de cabeza, les indicó que abandonaran la pieza. Y así los hicieron los tres.

---" ¿Que pasa Alejandro?"

---" Tienes una llamada urgente de un tal Padre Justiniano. Dice que está relacionada con la solución del problema. Atiéndela"

JC. se movilizó agilmente al teléfono que le entregaba el Sub Director de Investigaciones. Estuvo en el auricular por menos de un minuto y, al colgar, le dijo al Jefe de la Brigada que debía acudir de emergencia a una cita con el Cura Párroco de la Iglesia de Pedro de Valdivia.

---" ¿Cual es el problema, Joaquín Carlos?"

---" El general Juan Carlos Cantabria acaba de entregarse voluntariamente, refugiandose en la Iglesia. En estos momentos, nos espera en la Sacristía. Iré con Valderrama y te mantendré, personalmente, al día. Vamos Jorge, que estamos a punto de cerrar el caso."

---" En la entrada de Los Suspiros, habrá dos camionetas y cuatro funcionarios especialisados para que les ayuden en la pesquisa .Buena suerte." Fué la despedida del Jefe de la Brigada de Homicidios, antes de ingresar de nuevo a la conferencia.


CAPITULO 8

Para ambos policías fué angustioso el camino entre General Mackenna y la Avenida Pedro de Valdivia, con Bilbao. No podían disimular la angustia y los deseos de poner término al homicidio del periodista Capdevilla.

---" Tengo la impresión que las cosas irán más allá de la entrevista con el General Cantabria. En ningún caso, creo que un General del Ejército chileno se haya dado a la tarea física de asesinar a un periodista. Puede haber participado indirectamente. Ya sea ignorando lo que sucedía o dando instrucciones en la operación. En todo caso, es culpable por participación. Tiene que haber más de un individuo envuelto en éste caso"

---" Seguramente que así es la cosa, Mi Comisario. No me llamaría la atención que sean varios los implicados. La Fiscalía Militar tiene que haber sabido de todo esto y, con el tiempo, las cosas se le complicaron un poco. Se les fué de la mano el problema y ahora se convirtió en una situación nacional."agregó Valderrama.

---¨ Por supuesto. Toda la prensa capitalina debe estar en la puerta de la Iglesia. No me llamaría la atención. Tienen un sexto sentido para estas cosas.Exceptoel reportero de La Tardeja,ja. En todo caso, creo que la Fiscalía se calló porque nunca esperaron que Capdevilla tuviese evidencia de culpabilidad"dijo JC.

---" Pizarro debe ser el primero en haber llegado. Y claro,le peligra la pega. Todos los demás, se las arreglan de una manera u otra para saber lo que pasa. Julioponga la Cooperativa Vitalicia para ver si están diciendo algo"

El chofer encendió el radio.

---" El General Juan Carlos Cantabria Donso, de la Dirección de Relaciones Nacionales del Ejército, se encuentra asilado en la Iglesia de Pedro de Valdivia, en el sector alto de la capital" decía el locutor.JC. pidió que apagaran el receptor.

---" Me lo esperaba, Jorge."

---" Bueno, pero éste asunto del asilo tiene poca importancia. Ya no es problema nuestro, Mi Comisario. Creo que el caso pasa a la Justicia ordinaria y ellos serán los que deben entenderse con el General. Asilo o no, el hombre tiene los datos que nosotros necesitamos".

--" Bueno, los datos los tenemos gracias al laboratorio y a la Dirección de Identificaciones. Lo que realmente necesitamos, Jorge, es que el General Cantabria las ratifique. Es una acusación que nos dará la razón legal para el arresto inicial."

En ese momento, el vehículo daba la vuelta por la Plaza de Pedro de Valdivia y se ubicada en la entrada principal de la Iglesia. Los periodistas, como lo habían anticipado ambos policías, corrieron de un lado a otro para entrevistar a los recién llegados. Nadie dijo nada. JC. y el Inspector entraron dificultosamente al recinto abriendose paso a codazos y empujones.

Pasaron por el Altar Mayor y se desviaron a la derecha, para entrar a la Sacristía. En su puerta, dos soldados con una cinta al brazo leyendo ¨Policia Militar", les detuvieron por unos instantes pero el Padre Justiniano Mendoza les hizo pasar.


---" JC. ten paciencia. Es un buen cristiano. No tiene la culpa de nada. Lo que pasa es que está asustado porque se siente cómplice de un delito que no cometió. Recuerda, pèrdonar es."

---" Gracias Justiniano, pero está fuera de mi alcance. Esto es rutina y Dios lo sabe mejor que yo."

Sentado en un sillón cercano al closet de las vestimentas, estaba el General Cantabria. Su semblante reflejaba las emociones del momento,  pero consiguó hacer una mueca parecida a una sonrisa forzada.

---" Ya vé Ud., Comisario Amunátegui. Hay que hacer justicia y la justicia debe comenzar con nosotros. En ningún caso quise desviarlo de sus investigaciones sobre la muerte del periodista pero, Ud. comprende, tenía que pedir el consejo a mi Fiscal Militar. Se decidió que yo les daría los datos correspondientes, mientras que mi Asistente y dos de sus ayudantes hablarían al mismo tiempo con su Director pues para colocarnos dentro del rango que nos pertenece."

---" Estoy de acuerdo con Ud. General Cantabria. Le agradezco su explicación. Sin embargo, hay cosas importantes que debemos aclarar y ha llegado el momento de hacerlo."

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v---" Es verdad que un grupo de nuestros compañeros efectuaron aquello de lo que les acusaría el periodista Capdevilla. En principios, no estuve de acuerdo pero, las obligaciones militaresUd. comprendeme llevaron a aceptar la situación. Callé por un buen tiempo. Hablé con el Presidente de la República y le dije de mis dudas, de mi opinión al respecto. El Primer Mandatario fué elusivo y éso, pues, me indicó que debía aceptarlo. Así fué."

---" ¿Y que pasó después, señor General?"

---" Las cosas cambiaron de rumbo, el problema se agravó más allá de lo que hubiesemos querido y, sin que nadie se diera cuenta, todo llegó a conocimiento del Fiscal Honorato. Ordenó que todo se detuviera. Inició las investigacones del caso que dieron como resultado la actividad de una serie de culpables. Cuando Uds. dos llegaron a mi oficina, hace un par de días, la Fiscalía estaba a punto de iniciar los arrestos del caso. El Fiscal y yo somos amigos desde hace miles de años. Por lo menos, así lo veo yo. Estudiamos juntos en la Escuela Militar,¿ Sabe? y clarome hizo el favor de facilitarme las cosas, siempre y cuando yo manejara el asunto dentro de la ley civil."

---" ¿Y a qué viene éste asunto del asilo religioso, General Cantabria?" preguntó Valderrama.

---" Uno de los oficiales envueltos en el problema, tomó una decisión equivocada y decidó terminar la situación dándole muerte al periodista. Y allí, es donde decidí poner termino a mi participación. Se lo dije al Fiscal. Pero las cosas sucedieron a mucha velocidad y, después de la visita de Uds., tomé la determinación de asilarme a modo de inmunisación. Como podran ver, se me complicó la vida porque yo estaba en conocimiento de lo que iba a suceder y, por fidelidad al serviciopueshice la vista gorda y me quedé callado. Me preocupa el futuro. No deseo continuar en ésta inseguridad. Quiero aislarme de la sociedad hasta no estar seguro de que no me pasará nada. Mientras se aclara la tormenta, creo que estoy más tranquilo bajo la protección de Dios."

--" No es para menos, General. Es comprensible, entónces, su petición de asilo" dijo JC.

---" Debo decirle que tenemos el nombre del mayor instigador del homicidio.  Necesitamos su dirección y todos los datos para arrestarlo, General. Y lo necesitamos ahora mismo. Altiro!"interrumpió Valderrama con un severo tono policial.

JC. sonrió y   aceptó su intervención con un movimiento de cabeza.

---¨ Al Teniente Esteban Morales Brown, pueden encontrarlo en el 2330 de Las Petunias, entre El Vergel y la Avenida Pocuro. Allá, en la cercanía de la casa, encontraran a una de nuestras patrullas.  Pueden serles útil. Es parte de la cooperación de la Fiscalía Militar, Comisario. Los están esperando a los. dos."

---" Gracias, General. Buena suerte. Valderrama, que uno de los detectives de Homicidios se quede aquí en la iglesia para que nos mantenga informados de la situación. Justiniano, ¿Como podemos salir sin ser vistos?"

---" Vengan conmigo!


CAPITULO 9

Los vehículos de Investigaciones se deslisaban rápidamente por Bilbao, hacia la Plaza de la Alcaldesa, y hasta la Avenida Tobalaba, donde doblaron a la izquierda en Las Asucenas. En la esquina con Las Petunias encontraron a la patrulla del Ejército. Se estacionaron tras el vehículo militar, se bajaron y todos se enfrentaron a la casa del supuesto oficial.

Con las armas en descubierto, Valderrama y JC se dispusieron a tomar por asalto al inmueble por el frente de la casa. Los dos detectives de la Brigada entraron al pequeño jardín y se colocaron en la parte de atrás, mientras que los soldados acompañaron al Comisario Amunátegui y Valderrama.

La puerta principal estaba entreabierta. Les llamó la atención y se miraron sorprendidos. No dijieron nada. Valderrama le dió un empujón suave y los cuatro esperaron unos segundos. En ese instante, los detectives colocados en la parte trasera de la casa, hicieron su entrada silenciosa a la cocina.

Todos se reunieron en el living. En la parte derecha de la sala, una escala relativamente pequeña llevaba al segundo piso. El silencio se hizo casi sepulcral. Con una indicación de cabeza, Valderrama inició su ascenso seguido por los dos militares, los detectives y JC. llendo al final.

Una vez en el segundo piso, los militares se dirigieron de inmediato a uno de los cuatro dormitorios, JC. y Valderrama al segundo y los dos detectives se divideron los siguientes cuartos.

El Comisario entró de sopetón al dormitorio principal. Nadie. Valderrama, mientras tanto, se movilisó al baño y con la pistola tomada firmemente con las dos manos apretando firmemente la culata, pateó la puerta del baño a medida que gritaba a todo piulmón

---" No se mueva o disparo! Las manos arriba de la cabeza"

JC. acudió de inmediato. Entró de un solo salto y se asombraron con la escena que estaban presenciando. Vestido con su uniforme de diario, el Oficial estaba recostado en la tina, con el sector izquierdo de su cara completamente cubierta por una sangre obscura, casi negra y reseca. Obviamente, había recibido un disparo de pistola en la sien.

Un tiro en la cabeza podría significar homicidio o suicidio.

--" Me figuro que lleva muerto unas cuantas horas,  Mi Comisario."

---" No veo el arma. Todo tiene cara de asesinato. Observe, Jefe. El disparo fué en el lado izquierdo de la cara pero el hombre no es surdo. Note que tiene un reloj en la muñeca del mismo lado.Aquí hay gato encerrado. Este tipo no se matólo mataron. ¿No lo cree así, Mi Comisario?"

---" Así pareciera Valderrama."

Uno de los policías adicionales que les prestara el Jefe de la Brigada de Homicidios, entró al baño con una noticia que cambió todo el aspecto de la escena.

---" Jefe, el cadáver en este baño pertenece a un Teniente de nombre Mauricio Fuentes Pandeiro, de la Dirección de Relaciones Nacionales. Encontramos unos papeles personales en el dormitorio que identifican al hombre. También hayamos una fotografía en la que está acompañado por otro Oficial y en el reverso dice que su amigo, es el Teniente Vargas Brown."

JC. y Valderrama fruncieron el seño. Ambos se veían inquietos y molestos por la nueva que les trajera el detective.

---" Maldita estupìdéz! El general nos dió la dirección equivocada, posiblemente de adrede!!," exclamó Amunátegui.

---" A lo mejor quiso entregarnos a un segundo culpable, Mi Comisario."replicó Valderrama.

----" Eso, lo veremos más adelante. Hay que encontrar al otro individuo." Dijo JC.

---" Tengo una ideaa, Mi Comisario. Que le parece si le decimos a los militares que vienen con nosotros, que nos lleven a la casa del tal Esteban Morales Brown. De seguro que saben donde está", continuó diciendo Valderrama.

---" Buena idea, Jorge. Seguramente que los soldados creen que todavía tienen la obligación de ayudarnos en todo. Me figuro que conocen la dirección. Es de esperar, por lo menos."acotó el Comisario.

---" Claro que sí, Jefe. Los cabros deben saberlo todode otra manera no los habrían mandado con la orden de esperarnos y de ayudarnos en las diligencias" agregó el Inspector.


Y así fué. Los militares, creyendo que tenían la autorización de sus superiores, les llevaron a la casa del oficial.

Salieron a la Avenida Tobalaba, doblaron a la derecha y se enfrentaron  nuevamente con  Bilbao. Siguieron derecho, entraron a la Avenida Américo Vespucio para desviarse en  Tobalaba y doblar rápidamente en Simón Bolívar. En la bifurcación con Parsifal, tomaron la pequeña calle de dos cuadras y doblaron a la izquierda en Santa Rita, colocandose a un costado de la casa del oficial, en el 7003 de  Simón Bolivar.

Efectuaron la misma operación de entrada.

JC. y Valderrama ingresaron de sopetón en la sala de la casa para encontrarse de frente con el Teniente Morales Brown. Delgado, pálido por los acontecimientos, vistiendo orgullosamente su uniforme de gala, el jóven se levantó del asiento que ocupaba en el medio de la pieza y puso sus manos en alto, tocándose la nuca.

---" Las armas no son necesarias, señores policías. Los esperaba. La Fiscalía me notificó de la visita y, debo decirles que, como caballero y miembro del Ejercito chilenome entrego en paz y con la conciencia tranquilaEl que Uds. buscan está muertoy fué el autor del homicidiocon mi permiso, por supuesto. No podíamos tolerar que un periodista mediocre nos cortara la carrera y todos decidimos poner término al cáncer que significaba para nosotros este individuo"

Todos los policías lo miraban atónitos por la frialdad y el cinismo del muchacho. Pero decidieron dejarlo hablar.

---" La Fiscalía Militar tiene todos los datos y los nombres de nuestra organización. Somos más de una veintena¿Que más puedo decirles?"

El Inspector Valderrama lo miraba en forma incrédula, pero con su arma apuntándole a la cabeza.

---" No lo puedo creer", dijo. "Que tipo más cínico!"

---" No, señor policía. Soy un hombre práctico. Perdimos y hay que hacerlo como corresponde a un militar. Uds ganarones tan simple como eso!"

---" Ud. es un fresco de marca mayor, mi querido señor militar!"acotó Valderrama.

---" No es necesario, Jorge. El Teniente Morales Brown es un hombre de honor. Felón, homicida y delincuente pero un hombre de palabra. Ycomo tal, debemos tratarlo. Espóselo Inspector y lléveselo a la Brigada para la interrogación del caso. Mientras tanto, yo hablaré por teléfono con el Prefecto Vergara."



EPILOGO.

Cinco días más tarde.

Esa noche, después de la diligencias del caso, JC. y el Inspector Valderrama acudieron a una reunión especial del "Grupo de los Viernes". Como en otros días, todos estaban presentes para escuchar los detalles finales de la investigación. Una vez sentados en el comedor de la casa, las preguntas calleron cmo lluvia de invierno en las cabezas de JC y Valderrama.

---" Y finalmente, mi querido Inspector ¿Quién mató al periodista?" preguntó Doña Maruja.

---" Después que esposamos y se llevaron al Teniente Morales Brown, los interrogadores especiales de la Brigada de Homicidios consiguieron saber que fué el propio Morales quién asesinó personalmente a Capdevilla. Claro que no había otra explicación despues de ver que la bala había entrado por el sector izquierdo de la sien y que el Teniente Fuentes no era surdo. Lo adiviné al ver que el oficial tenía su reloj en la muñeca izquierdacomo todos nosotros", fué la respuesta del Inspector Valderrama.

---¿Y como murió el otro Oficial?", preguntó Liliana.

---" Las cosas se le complicaron un poco a Morales Brown. El Teniente Mauricio Fuentes le confesó su arrepentimiento por lo que estaba haciendo y se lo dijo abiertamente a Morales. Sabiendo que los habíamos descubierto, Morales no quiso correr ningún riezgo y asesinó a su compañero de armas, dos días después que el Fiscal Militar les informó que el problema pasaba a la Justicia Ordinaria.", agregó JC.

---" Y que vá a pasar con el General?"

---" Lamentablemente para él, como así mismo para cerca de 15 oficiales de diferentes rangos, unos 23 Sub Oficiales y otros tantos de la tropa, irán a la cárcel pública acusados de complicidad en dos homicidios, fraude al gobierno, fraude al pueblo chileno, negocios fraudulentos, etc., etc." fué la contestación del Inspector.

Hubo un minuto de silencio, que Doña Ernestina aprovechó para hacer un chiste

---"¿ Y que le pasará con el Cura Parroco que escondió un General felón en su Sacristía?"

Hubo risas de todos, menos de Justiniano, quién se sintió ofendido por lo menos por unos minutos.

Esa noche, la fiesta que siguió a la reunión de aquél viernes veraniego, terminó con un desayuno alegre en la madrugada siguiente.

DEDICATORIA

A mi hermano, el Detective de Investigaciones Carlos Vergara Urrutia. (qepd)
Suba al inicio oprimiendo
esta cinta roja.

Recomiendenos a un amigo. Gracias
SUBA.


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EL MISTERIO DE NUNOA
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Desde San Francisco, Ca., EE.UU
Un cuento del periodista chileno Joaquin Vergara Urrutia
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PORTADA
Un patrullero de Carabineros encuentra un cadaver en la Avenida Bilbao cerca de Los Leones. Pertenece a un destacado medico capitalino que desaparece de la noche a la manana. La trama le lleva un poco mas alla de una investigacion normal y el final del relato sera inesperado.  
RESUMEN